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Roberto Saviano, la muerte incompleta de Rossella Casini



Es curioso como lo que habitualmente nos resulta agradable a los sentidos puede volverse repulsivo y horrible, hasta llegar a provocarnos el vómito, si lo asociamos de repente a algo atroz . A la joven florentina Rossella Casini, imagina Roberto Saviano (Nápoles, 1979) en ‘Mi amor no muere’, su nuevo libro, debió ocurrirle esto con el olor de la tierra húmeda al atardecer, porque se cree que sobre ella fue violada primero y asesinada después, la noche del 22 de febrero de 1981, cuando aún no había cumplido 25 años. Mientras esto ocurría en la región calabresa de Palmi, donde Rossella se encontraba alojada con la familia de su novio, Francesco Frisina, en la calle Borgo La Croce de Florencia, Clara y Loredano, los padres de la chica, esperaban un día tras otro a que ella se decidiera a volver a casa, pero nunca lo hizo. Lo que pasó es que aquel 22 de febrero desapareció sin dejar rastro. Probablemente, tal y como se contó en un juicio que terminó sin sentencia condenatoria alguna y en el que se planteó la hipótesis más plausible para explicar la desaparición, el cadáver de Rossella fue desmembrado y echado al mar con la intención de que nadie pudiera encontrarlo, porque el cuerpo es la prueba más flagrante de todo crimen. Escribe Saviano en la nota introductoria de este relato terrible que lo que tenemos entre las manos es una novela que narra una historia real, algo que al inicio nos desconcierta, porque novela y realidad parecen ‘a priori’ términos contradictorios, pero que tras la lectura de las primeras páginas del texto nos resulta comprensible; y es que ‘Mi amor no muere’ se mueve en un territorio resbaladizo y a veces fallido, entre el ‘ true crime’ que no es del todo y la literatura pura más sorprendente, cargada de imaginación y de poesía, que brilla más al ejercitarse a partir de un acontecimiento tan oscuro. Ambos, crónica criminal y ficción narrativa, se mezclan aquí, en la que casi con seguridad es la propuesta más extraña de Saviano, más ajena al resto de su obra, para sumergirse en dos grandes temas: la muerte violenta y el amor incondicional. Desde que en 2006 publicara ‘Gomorra’ (Debate), Saviano vive protegido de la permanente amenaza de la Camorra, pero a pesar de ello no ha renunciado a mantener la mafia en el centro de su producción. En este sentido, ‘Mi amor no muere’ es y no es una excepción. No lo es porque la muerte de Rossella Casini se enmarca en la guerra abierta entre los Gallico y los Condello, clanes de la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa; y lo es —y esto es lo más interesante del libro— porque lo importante de esta novela no es tanto la descripción del conflicto entre bandas como la exploración del amor de Rossella y su legitimación más allá de prejuicios e ingenuidades, un amor responsable de cada una de las pequeñas y las grandes decisiones que la conducen hasta la muerte, y que aquí no desvelaremos. Un ejemplo claro de como la balanza se inclina en esta ocasión a favor de la trama del «enamoramiento» (palabra que Saviano reivindica y libera de su carga de superficialidad) es su estructura casi lineal y sin tensión, impropia de un ‘true crime’ convencional, en el que el tiempo se desordena para favorecer el suspense y enganchar al lector. Tales estrategias en este texto no existen. Sí hay en él, sin embargo, un cuidado y un mimo llamativos a la hora de describir las casualidades que unen a Rossella Casini y a Francesco Fresina, que se conocen cuando, en octubre de 1977, él, estudiante de arquitectura en Siena, se instala con otros compañeros en un piso de alquiler en Borgo La Croce, justo debajo del que ocupa la familia de ella. En ese momento se enamoran y Saviano recurre a la descripción de los planetas errantes , que son aquellos que vagan por el espacio sin trazar ninguna órbita, libres por completo, pero también amenazados por los que, como ellos, no anticipan su trayectoria. Inserta en la sólida tradición de la crónica criminal italiana, que va desde la ‘Isolina’ de Dacia Maraini a la monumental ‘ La ciudad de los vivos’ de Nicola Lagioia, ‘Mi amor no muere’, una rareza híbrida, le devuelve a la joven Rossella Casini una merecida notoriedad, reflejando con una pasmosa verosimilitud la vulnerabilidad y la fuerza simultáneas del sentimiento amoroso, más si este se despierta en la juventud. No hay muestra más clara de ello que su título, inspirado en un clásico del cine mudo y síntesis de la columna vertebral de la novela: la idea de que la muerte de Rossella Casini está incompleta, porque el amor que ha sentido por Francesco, aunque ella ya no esté, seguirá vivo y permanecerá.



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Author : (abc)

Publish date : 2026-10-14 12:12:00

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