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TransveXSeat, un viaje inolvidable en Seat 600



Allí, sentado en un pequeño asiento sin reposacabezas, sujeto con un básico cinturón de seguridad abdominal, con un enorme volante de baquelita entre mis manos y una larga palanca de cambios, tomaba el camino hacia el Puerto de Santa María, en un automóvil muy especial, en un SEAT 600 D, en realidad un 800, el «seiscientos» de cuatro puertas. Pero no iba solo. Ante mis ojos, a través del pequeño parabrisas, contemplé una interminable fila de «seiscientos». Y al mirar por el retrovisor, mi mirada se cruzaba con otra muy especial: la de los faros de otra larga fila del automóvil fabricado por SEAT entre 1957 y 1973. La explicación era sencilla. Gracias al equipo de SEAT Históricos, estaba allí, como participante de la «TraveXSeat – Via Gades», la décima edición de la «Traveseat», una reunión de entusiastas del 600 que, del 12 al 18 de octubre, y tras arrancar desde Málaga, ha recorrido diferentes puntos de la provincia de Cadiz con Costa Ballena como cuartel general. Propietarios de todas las edades, desde aquellos que en 1959 estrenaron su carné de conducir con el pequeño SEAT a otros que de niños acudían con sus padres a la primera TRAVESEAT, hace diez años, y ahora conducen sus propios coches. Pero no solo ellos sienten que el «seiscientos» es más que un coche. Cuando la caravana de la «TraveXSeat» recorría las carreteras gaditanas, cuando atravesaba o hacía parada para visitar El Puerto de Santamaría, Chipiona, Jerez, Chiclana, Zahara de los Atunes, la base de Rota, o la ciudad de Cadiz, miles de ojos, sonrisas, aplausos y piropos, los acompañaban. Los coches de hoy día, cargados de tecnología, de pantallas, de conectividad, de Apple Car, de Android Auto…, están muy lejos de conectar con la gente como estos «seiscientos». Y es que estos 3,22 metros de chapa sobre cuatro ruedas, cuentan muchas historias, y despiertan muchos recuerdos. En Jerez, una elegante dama se emocionaba ante nuestro 600 D impecable: «es igual a mi primer coche, comprado de tercera mano, y que me arrepiento de haber vendido». O la historia de Alonso, con tan solo once años ya propietario de un 600 que había cambiado por un viaje de regalo con motivo de su primera comunión: «papá, mamá: el viaje es fantástico pero el seiscientos es para toda la vida». Jóvenes conductores luchaban por mantener el ritmo de otros que, con muchas décadas a sus espaldas, imprimían a la caravana. «Los más veteranos, durante estos días, se sienten protagonistas», nos comentaba Francesc Palau, que junto a su padre y a su hijo son el alma mater de este proyecto nacido en 2016. Y es que, si cada 600 cuenta una o muchas historias, y las despierta entre quienes les contemplan, la Traveseat también tiene la suya que contar. Todo nació en 2016, con la «2 mares en Seat 600» en que un grupo de aficionados se recorrió una ruta que llevaba de Barcelona a Donostia. Un año después, llegaba la «AniverSEAT» , la travesía que celebraba el sesenta aniversario del nacimiento del 600 y que llevó a los participantes, del 21 al 25 de junio, por una ruta que arrancaba en el histórico circuito del Jarama en Madrid, y finalizaba en la Zona Franca de Barcelona, cuna del pequeño SEAT. Bautizada como «EnSEATmada», la tercera edición llegaba en 2018. Del 22 al 27 de junio de 2018, el sonido de los seiscientos se escuchaba por las carreteras de Palma de Mallorca. Y la cuarta, «Seat4Ebre», del 21 al 26 de junio de 2019, seguiría la ruta marcada por el Ebro. Tras la pandemia, la caravana de seiscientos vuelve al asfalto, en la «OktoberSEAT» recorriendo tierras extremeñas. Y un escenario muy diferente, el de la «SEATiago», del 21 al 26 de junio de 2022, en un peregrinaje sobre ruedas de Logroño a Santiago de Compostela. Y la «SEAT7ima», del 21 al 25 de junio de 2023, ruta por tierras castellanas y leonesas, de Segovia a Salamanca. Los seiscientos seguirían junto al mar en las dos siguientes ediciones, del 25 al 30 de junio de 2024, con la «CantebreSEAT», una ruta de Santander a La Coruña, y con la «EuskalSEAT», del 24 al 29 de junio, con arranque en Barcelona y meta en Vitoria. Y en esta «TraveXSeat», la décima, se han recorrido desde las bodegas de Osborne, del Siglo XVIII, a la cubierta del «L-52», el buque de asalto anfibio «Castilla» de la Armada Española, anclado en la Base de Rota, pasando por la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre con su espectáculo «Así bailan los caballos andaluces» o la Plaza de Toros de El Puerto de Santamaría. A lo largo de este recorrido muchas fotos y videos reflejaron la presencia de los componentes de la TraveXSeat, pero entre ellas una, por su espectacularidad, tiene un significado especial. En la segunda jornada, en la finca Cuarto Salado, en la frontera con el término municipal de Jerez y próximo al de Sanlúcar, en el lecho de un lago seco en este tiempo (se trata de una laguna estacional, verdadero paraíso para los amantes de la ornitología) los organizadores planificaron la colocación de los coches participantes cuidando hasta el último detalle tanto en el espacio como en el orden por colores, con el objetivo de realizar una foto aérea. El resultado: la palabra «TraveXSeat» conformada por todos los seiscientos participantes, en una imagen espectacular que alguien podría interpretar como una creación de IA cuando la verdad es que se trata de una fotografía muy real que refleja trabajo y pasión sin límites. Y, entre los más de 120 participantes, Seat Históricos estaba presente en la «TraveXSeat» con cinco seiscientos traídos de la famosa Nave A-122 y con la asistencia de un equipo técnico dirigido por Isidre López, responsable de los coches históricos de la marca. El más antiguo era el 800, del año 1964. Los 800, como ya hemos indicado, eran los 600 alargados de cuatro puertas, una evolución sin equivalente en Fiat. Se fabricaron entre 1964 y 1967, por tanto, nuestro 800 era una de las primeras unidades de las 18.200 producidas. A la firma Costa llegaban las carrocerías en blanco del 600. Allí se cortaban, se soldaba un suplemento de 18 centímetros a la plataforma, se añadían unas puertas traseras, se ponía el nuevo techo estampado de una sola pieza y se devolvía a la fábrica de SEAT en la Zona Franca para pintar y montar el equipamiento interior. La mayor distancia entre ejes (pasaba de los 2 metros del 600 de base al los 2,18 metros) le favorecía en las curvas de radio amplio de las autovías. En cualquier caso, tanto esta unidad como el resto de las presentadas por Seat Históricos, además de unos motores muy bien afinados, eran una verdadera maravilla en cuanto a dirección y, sobre todo, puesta a punto de las suspensiones, como hacía notar Jesús Bonilla, director de la revista Motor Clásico, participante en la cita. Siguiendo un orden cronológico, la segunda unidad proveniente de la nave A-122 era un 600 D del año 1966, una preciosa versión descapotable con techo de lona. De 1967, era un 600 D impecable, recién restaurado, que cuando nos pusimos a su volante en la segunda jornada, ¡apenas tenía en el contador quinientos kilómetros! Salvo un embrague aún por afinar, «estrenar» un coche de hace nada menos que sesenta años es una experiencia inolvidable. El más reciente era un 600 E de 1971, ya con las puertas abrisagadas delante, derivabrisas que se combatir el calor, y faros más grandes que se agradecían cuando la noche había caído pues su alumbrado era bastante mejor que el de las pequeñas ópticas de los 600 y 600 D. Y otro elemento distintivo y de gran importancia: el depósito de gasolina era el del 850, con cinco litros más de capacidad y que incrementaba la autonomía en unos cien kilómetros. Pero aún había un 600 más de Seat Históricos. Se trataba de una Formichetta («Hormiguita») Combi del año 1966, la pequeña furgoneta mixta derivada del 600 producida en colaboración con el carrocero Siata, de Tarragona, que trabajaba con la fábrica SEAT en la producción de coches especiales de bajo volumen de fabricación o derivados, principalmente sobre la base del 600. Con una mayor distancia entre ejes, 20 centímetros, la Formichetta mantenía el frontal de la berlina, pero a partir del montante central, era diferente, adoptando la carrocería una forma cúbica, y un techo más alto para optimizar el espacio de carga. En el primer año, hablamos de 1962, se fabricaron en torno a medio millar de unidades, con el motor de 633 cc y 18 CV del 600 N. A partir de septiembre de 1963, tras el lanzamiento del 600 D, la Formichetta pasó a montar el mismo motor de 767 cc y 25 CV de aquel, mucho más apto para mover los 250 kg de carga útil. Se comercializaba en versiones de 2 o 4 plazas, denominadas Estándar y Combi, respectivamente. Esta última tenía sendas ventanillas en las puertas de carga y los asientos traseros eran plegables, para aumentar la plataforma de carga. En la Feria de Muestras de 1964 apareció la nueva versión, ya con los laterales de la caja de carga totalmente lisos. En la noche del sábado 18 de octubre, giré la llave de «mi» 600 E, y el sonido del motor se apagó. Pero no los recuerdos generados por un automóvil que forma parte de nuestra historia, de nuestro subconsciente colectivo, que lleva a modestos aficionados o a algún importante coleccionista que ha dejado en sus casas algún doce cilindros italiano «durmiendo», para lanzarse a una carretera sintiendo entre sus manos la fuerza de un mito.



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Author : (abc)

Publish date : 2026-10-25 07:08:00

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