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Ni éxito ni enfermedad: mitos sobre el trastorno del espectro autista que conviene desmentir



A menudo solemos ver cómo las series retratan a personas hiperracionales e inteligentes, con serios problemas de socialización, dificultades para comprender las emociones de quienes les rodean, y que modulan en el imaginario colectivo lo que supone ser autista. Personajes como Sheldon Cooper, protagonista de la serie ‘The Big Bang Theory’, Raymon, en la película ‘Rain Man’, Gil Grissom en ‘CSI’, Shaun Murphy de ‘The Good Doctor’ o Sonya Cross en ‘The Bridge’, así como rostros conocidos como Bill Gates o Elon Musk han ayudado a que tengamos una imagen positiva de este Trastorno del Espectro Autista (TEA) . Sin embargo, esta condición neurológica que influye en la comunicación, la interacción social y la percepción del entorno, abarca un abanico amplio de características, que no son comunes a todas las personas. No todas las personas que sufren esta alteración del desarrollo son extremadamente inteligentes y solo un 10% de los afectados tienen altas capacidades. Tampoco todos se aíslan ni se muestran reacios a mostrar sus sentimientos. Esta imagen estereotipada que observamos en la pantalla, cuentan los expertos, que funciona como un arma de doble filo, puesto que, por un lado, sirve para sensibilizar a la sociedad sobre este trastorno pero, por otro, transmiten un conocimiento vago y superficial de lo que supone convivir personas que tengan autismo. «Asociar el autismo directamente con el éxito es una simplificación excesiva, al igual que pensar que todas las personas con una determinada estatura deben jugar bien al baloncesto. Si bien es cierto que algunas personas con trastorno del espectro autista (TEA) han alcanzado logros notables, el espectro autista es amplio y las experiencias varían significativamente entre individuos. Es esencial reconocer y respetar la diversidad dentro del espectro y no generalizar basándose en casos específicos», explica a este periódico Patricia Solís García, profesora del Máster Universitario en Educación Especial de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Las personas con este trastorno, interpretan el mundo de otra manera porque su cerebro se ha conformado de forma distinta. Y, biológicamente, lo que hay detrás es un trastorno del desarrollo neurológico que les acompaña desde el momento de nacer. No es una enfermedad. «El TEA se identifica observando comportamientos específicos, como dificultades para mantener una conversación, uso limitado de gestos, desarrollo lento o ausencia del lenguaje, y falta de interés en compartir experiencias con otros. Es fundamental que la evaluación sea realizada por profesionales especializados mediante herramientas diagnósticas estandarizadas. Se estima que aproximadamente 1 de cada 100 personas en España tiene TEA, lo que representa alrededor de medio millón de personas. «Aunque comúnmente se asocian al TEA dificultades en la interacción social, comunicación y comportamientos repetitivos, no todas las personas con autismo presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Algunas personas pueden tener habilidades excepcionales en áreas específicas, mientras que otras pueden enfrentar desafíos más significativos en su vida diaria. Cada persona con TEA es única tal y como cada ser humano es diferente», cuenta la experta. «El TEA suele manifestarse en los primeros años de vida, y muchos niños presentan signos antes de los 2 años. Sin embargo, en casos más leves o cuando las estrategias de compensación son efectivas, el diagnóstico puede retrasarse hasta la adolescencia o la edad adulta, especialmente en el caso de las mujeres. En el caso de las personas adultas que reciben un diagnóstico, este les permite entender el origen de sus dificultades. Debemos pensar en el diagnóstico como el punto de partida para guiar la intervención, de lo contrario estaremos cayendo en la etiqueta», ahonda la profesora de UNIR. La detección y diagnóstico tempranos son claves para intervenir a tiempo y ofrecer al niño apoyos que favorezcan su desarrollo en todas las áreas. Además, permite a las familias comprender mejor las necesidades del niño y recibir el acompañamiento necesario. «Detectar a tiempo es un acto de cuidado, no de etiquetado», apunta Solís, que ahonda en que cuanto antes se comprenda su forma de comunicarse y relacionarse con el mundo, «antes se puede empezar a construir un entorno que lo acompañe con respeto y eficacia».



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Author : (abc)

Publish date : 2025-04-02 04:15:00

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