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Discos de la semana: Fontaines DC, los nuevos mesías del post punk



Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los últimos discos que se han publicado. Es inevitable que un medio español, al reseñar el nuevo disco (el quinto ya) de Fontaines DC, obviase la colaboración con Rosalía en ‘Where Is Gone?’, así que empecemos por ahí: el dueto de ‘crooners’ nos lleva inmediatamente a las baladas de los años sesenta, pero con una atmósfera mucho más oscura y opresiva, en donde destellan los puñales que se lanzan por turnos la catalana con el irlandés. Sería perfecta para los créditos de entrada de James Bond y, aún así, es el punto menos álgido del disco. Ahora que nos hemos quitado eso de en medio, ‘Dopamine Chamber’ sitúa a los chicos de Dublín en el momento más bullicioso de su popularidad, agotando entradas de sus giras. Cómo no hacerlo después del jonrón que fue ‘Romance’ en 2024 –disco del año en ABC, por cierto–. El sonido ha cambiado y se ha vuelto más grande, más envolvente, más cinematográfico. Más apto para grandes conciertos en estadios, en definitiva, pero un salto menos ambicioso de lo que pudo ser ‘Skinty Fia’ en 2022, que cimentó los mimbres de lo que el grupo es hoy. Siguen destilando la desazón existencial del post-punk y son, probablemente, los mesías del renacimiento del género, trayéndolo a 2026 sin que suene a calco trasnochado. Yo sigo prefiriendo el ‘Romance’, pero en un mundo en donde hay guerras por el petróleo –y parece que por el agua dulce no falta mucho– y en donde el único consuelo que podemos encontrar viene a través de la luz azul de la pantalla en la madrugada, es posible que sea el disco que nos merecemos. Cinco años de silencio discográfico dan para muchas cosas, entre ellas descubrir que hacerse mayor no significa volverse aburrido. Lori Meyers regresan con un álbum que conserva su proverbial facilidad para fabricar melodías contagiosas mientras se recrea en las miserias sentimentales de la vida adulta. Los granadinos incorporan sintetizadores, texturas psicodélicas y guitarras de peor humor que de costumbre, sin perder esa identidad que los convirtió en imprescindibles del indie patrio. ‘Malafollá’ saca a pasear su carácter más áspero, mientras ‘Tus Amigos’ y ‘En lo total’ demuestran que todavía saben envolver los desencuentros amorosos en estribillos luminosos. No hay aquí una revolución sonora, pero tampoco un regreso nostálgico sin más. Noni y compañía han encontrado la manera de seguir creciendo sin renegar de quienes son. Puro Lori, digievolucionados, pero con su esencia, gracia y talento. Es complicado hacerse demasiado el duro con un disco sobre estar fatal que te hace sentir bastante bien. En su decimosexto disco ya, Mark Everett se saca de la chistera todos los trucos emocionales que lleva más de tres décadas perfeccionando para brindar un balsámico conjunto de otoñales canciones de dolor, aceptación y redención. Frente al axioma que sentencia que la clave de la felicidad se fundamenta en tener una memoria pésima, el artista de todos los tiempos más denostado por Pitchfork se aferra al valor terapéutico de los buenos y siempre breves momentos. Ya lo expresó Dyango con su diáfana sabiduría, apelando a Lord Tennyson: es mejor querer y después perder que nunca haberlo olido. Un posicionamiento especialmente admirable para un tipo (Mark Everett, no Dyango) al que la vida ha sacudido de forma contumaz con todo tipo de fatalidades y calamidades, una detrás de otra. Se agradece especialmente que Mr. E. lleve al extremo su sentido del humor tan característico, empapado de ternura y melancolía. Ese que impregnaba su memorable autobiografía, ‘Cosas que los nietos deberían saber’. Desde luego, que el disco esté inspirado por la filosofía vital de Triky, el monstruo de las galletas, o que la portada parezca un homenaje a la carrera de Ben Simmons, son cosas que rebajan mucho las tintas del drama y alejan esa sombra del cinismo cargante que a veces le ha acompañado. El problema es que el buen sabor de boca que dejan las primeras escuchas se diluye tan rápido como el de aquel chicle Cosmos que dominaba el planeta de los niños boomers, en el que lo mejor, igual que ocurre con estas canciones, siempre fue el envoltorio. ‘Cookie Happened’ es un territorio cálido y acogedor, pero en el que pasado un rato te entran unas ganas importantes de salirte a echar un cigarro, a ver si pasa algo divertido por ahí fuera. No es un mal disco, pero no hay nada en él que Everett no haya hecho antes más de un millón de veces. Y, desde luego, está muy lejos del impacto emocional de ‘Blinking Lights and Other Revelations’ o de la locura que pululaba por otros trabajos esenciales como ‘Electro-Shock Blues’ o ‘Souljacker’. Ven, ahora me siento fatal con tantos peros. Va, igual después del fumeteo me lo pongo otro ratito… Cada tanto —y a veces parece TAAAANTO— la escena patria nos ofrece un disco que despunta sobradamente sobre la plaga de indie por cesárea que asola las listas. Anni vuelve y su trabajo es monumental. El fan más avezado sabrá seguir el caminito de migas de pan, de ‘easter eggs’ y demás pistas secretas que cuentan, entre líneas, una historia de ruptura, pero también de autodescubrimiento, de expansión de los márgenes de uno mismo. Las flores, las estrellas, el brillo, el verde y el azul, el norte y el sur dibujan una imagen cargada. Jugo concentrado. Y el que quiera entender, que entienda. La malagueña está soberbia en la composición: si Nino Bravo hubiera compuesto el ‘No le encuentro la gracia’ de Anni, habría hecho más dinero que Jeff Bezos. Pero también parece que ha logrado descubrir en su ya de por sí magistral voz un aliento extra de desgarro. Su rango expresivo se ensancha: distorsiona en la canción recién mencionada, interpreta en ‘Un buen trato’, sufre en ‘Bailando espero’. Pero el disco no se limita a convertirse en un escaparate de mero desparpajo vocal: está plagado de pasajes instrumentales, de pasillos y recovecos musicales, de imaginación. ‘Llévame al sur’ puede ser un ejemplo como cualquier otro: las canciones tienen partes, evolucionan. Las melodías de guitarra se enroscan con las de la voz mientras alimentan a la máquina voraz y demuestran rápidamente que alguien le ha echado muchas horas a esto. Tal vez a altas horas de la madrugada, tal vez mientras se preguntaba quién era en esta nueva etapa. Las piruetas digitales actualizan y rejuvenecen el rostro de las canciones. ¡Cómo le habría gustado a James Bagshaw, líder de Temples y productor del disco, que su último LP sonara así de completo! (Espero que me perdonen la maldad). Por último, cabe destacar ‘En mi olvido’, en colaboración con Tulsa. Un tema con la gravedad de un capítulo de ‘Twin Peaks’ y un desarrollo electrónico tan grandioso como el de ‘Veridis Quo’ de los Daft Punk. Un tema que, a la luz del número de ‘plays’ que cosecha a escasos días de su estreno, promete darle próximamente a la magnífica Anni B Sweet mil y una ALEGRÍAS.



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Author : (abc)

Publish date : 2026-10-23 01:25:00

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