Se llamaba Bernardino de Mendoza, y las fuentes le definen como un general valeroso y un estratega ejemplar. Sin embargo, este sencillo soldado de Guadalajara fue mucho más. En el año 1584, según él mismo declaró en sus escritos, presentó al gran monarca Felipe III un curioso ingenio «de madera y ciertos tonillos» que «se podía armar en muy breve espacio de tiempo» para defender a los combatientes que bregaban contra los peligros de la Berbería. Por insistir, insistía hasta en su portabilidad, necesaria en una región en la que los materiales escaseaban: «Los maderos se pueden llevar en cualquier