No me encantan los obituarios de rockeros , porque nada le discute tanto a la muerte como el rock , con lo que esta glosa es más bien la celebración de la resurrección de Robe, que se ha ido para lograrse eterno. Hablamos de un artista de precipicio, y quizá por eso nunca funcionó en una dirección, o en varias. Caminó desde la intemperie, con los propósitos plenos de vida nómada y un diccionario demencial en los bolsillos, hasta levantar un idioma propio hecho de ternura salvaje y blasfemia luminosa. Su rock es un latido febril , una respiración que