Para una abuela sus nietos siempre son los más altos, guapos y listos. Es un paradigma que se repite generación tras generación y al que nunca hemos dado más importancia que la que tiene, el amor ciego profesado hacia la prole. Un escenario de amor en el que todo vale y en el que los vagos y ladrones se diluyen entre disculpas tan peregrinas como la de la responsabilidad subrogada a las malas compañías del ínclito vástago. Hoy ya no hacen falta abuelas porque la calificación del más alto, guapo y listo se arroga en publicaciones espasmódicas en cualquier perfil