No hay herramienta más humilde… ni más universal. El martillo acompaña a la humanidad desde un tiempo tan remoto que parece anterior, incluso, al lenguaje. Antes de que existieran templos, monedas o escritura, alguien -un homínido anónimo, de mirada curiosa y manos torpes- sostuvo una piedra y la golpeó contra otra. En ese instante nació algo más que un utensilio: nació la idea de herramienta, la extensión consciente del cuerpo. El primer martillo no fue una invención deliberada, sino un accidente afortunado, un caso clásico de lo que hoy llamamos serendipia. El golpe fue el origen del pensamiento técnico. Retrocedamos