DESDE el primero de marzo de este año, cuando en estas mismas páginas decidió orear sus fantasmas y presentar en sociedad a todos sus demonios, nada volvió a ser igual porque todo lo conocido se reformuló, porque lo clásico se reinventó y mudó su piel para hacerse añejamente actual. Ahí, con esa catarsis sincera y valiente, con aquel acto revolucionario de vulnerabilidad, se comenzó a fraguar una de las páginas más doradas de la historia del toreo contemporáneo. Como si al dar a conocer sus cadenas las partiera, como si neutralizara a los monstruos robándoles la capacidad de esconderse en