Leer a Poe (1809-1849) es una de las operaciones espirituales más intensas y sobrecogedoras que existen. Algo así como mezclar en coctelera la obra pictórica de Caspar David Friedrich con la de Füssli y la de Böcklin y bebérsela de un solo trago. Seguro que habrá en música, como en pintura, paralelismos similares, pero no se me ocurren ahora mismo. En literatura habría que pensar en la 'Ilíada' de Homero, la 'Divina comedia' de Dante o 'Las flores del mal' de Baudelaire como experiencias de lectura parangonables. Que Poe fue un borracho, y hasta una especie de psicópata, no lo