Es tal el talento melódico que demuestra Richard Wagner en su ópera Rienzi, y más concretamente en su magistral obertura, que uno le hubiera pedido que hubiese compuesto un par o tres de óperas de esta clase, más influidas por lo que se hacía en el momento en la «grand opéra» francesa, antes de meterse en el inefable mundo que lo que le convertiría en uno de los más grandes e influyentes compositores que han existido. Como dato curioso fue una ópera que gozó de gran éxito en el siglo XIX, pero que hoy a penas se representa. De dirigir en más de dos centenares de ocasiones en la Staatsoper no puede presumir cualquiera y Guillermo García Calvo en sus cuarenta y largos años ya lo ha hecho, pudiendo presumir de una prestigiosa carrera , forjada en los teatros centroeuropeos, de las más sólidas del panorama español. Tras una excelente obertura wagneriana en la que García Calvo imprimió un sonido denso y empastado a la formación valenciana, comparecía la violinista serbia Lana Zorjan , que tocaba por segunda vez en el Palau pues ya lo hizo en el seno de la entrega de los premios ICMA, por ser galardonada con el «Premio descubrimiento» y en la que interpretó otra obra de gran virtuosismo: la Tzigane de Maurice Ravel. En esta ocasión con el apenas tocado concierto Primer concierto para violín y orquesta, de Henryk Wieniawski, obra de mediados del siglo XIX, compuesta con una indisimulada finalidad de asombrar a los públicos del momento ante los que el virtuoso polaco demostraba su pasmoso dominio del instrumento al modo de Nicolo Paganini. Se trata de una pieza imaginativa en el aspecto técnico respecto a las infinitas posibilidades del instrumento pues explora todos los recovecos de la técnica violinística , pero en la que la orquesta se limita ser mera comparsa por medio de una orquestación bastante pobre y por momentos casi inexistente. A pesar de las aptitudes que demanda, se comprende que nunca haya formado parte del gran repertorio. Zorjan, todavía menor de edad, demostró una importante competencia técnica, valentía y desparpajo para afrontar los temibles retos a los que somete esta obra al solista. En términos generales superó el reto, aunque se trata de una partitura que explora bien poco las cualidades expresivas y profundas del músico, por lo que a este crítico le gustaría escuchar a esta violinista en alguno de los grandes conciertos del XIX (ya saben a los que me refiero) o, por qué no, en un desnudo y «peligroso» concierto mozartiano, para valorar mejor no tanto las capacidades técnicas, que han quedado más que probadas, sino expresivas en pasajes en los que se pide del intérprete un sonido, un color, o fraseo que refleje una madurez y profundidad y, en definitiva, una marcada personalidad. Ahí es donde se aprecian a los grandes artistas y no tanto en la pirotecnia. Dicho esto, el éxito de la joven promesa fue grande. Las primeras sinfonías de la mayoría de los catálogos, como obras de juventud que son, no suelen ser las más interpretadas, (Brahms o Sibelius aparte), y la Primera sinfonía de Chaikovski, «titulada» por él mismo «Sueños de invierno», no es una excepción. Sin embargo, en muchas ocasiones, y es el caso que nos ocupa, algunas de estas «primeras» ya presentan una madurez y unas dotes de escritura fuera de lo común. García Calvo y los músicos de la Orquesta de Valencia completaron una notable lectura de esta obra de presentación del gran compositor ruso. Así, supieron hallar, director y profesores, la vena más melancólica al inicio, y casi épica en la culminación en el memorable tema que se desarrolla en el adagio, seguramente la parte más celebrada de la obra en la que el compositor todavía en la veintena ya se postula como uno de los grandes melodistas del siglo que habitó. Tras el tímido scherzo el último movimiento, demostración inequívoca del talento incipiente del compositor ruso, lo llevó el director madrileño con la brillantez sin perder un ápice de la claridad que requieren los contrapuntísticos y efusivos pentagramas, aunque quizás faltó algo más de viveza en el ritmo para extraer el aire casi de danza que contiene este movimiento de cierre. No obstante, lustre inequívoco del Allegro Maestoso fue celebrado con entusiasmo por el público congregado que llenó en sus tres cuartas partes la sala Iturbi. ————————————————————————————- 21 de febrero de 2025 Palau de la Música Obras de Wagner, Wieniawski y Chaikovski Lana Zorjan, violín Orquesta de Valenca Guillermo García Calvo, director musical
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Author : (abc)
Publish date : 2025-02-26 20:04:00
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