La calle Esperanza de Triana se despertó este lunes más nerviosa y bulliciosa de lo normal. Esta zona del viejo arrabal hace todo lo que puede por resistir frente a la apisonadora de la gentrificación, pero en la habitual actividad de sus bloques y bares se palpaba una ilusión especial este 5 de enero. Las abundantes balconeras de «Yo soy de Gaspar» o de cualquiera de los otros Reyes Magos hacían intuir que este año la comitiva de Sus Majestades alargaría su recorrido para llenar de dicha el mencionado rincón de Triana. Y así fue, en una gran tarde de Reyes, debido a las obras que hacen imposible su tránsito por Pagés del Corro. Aunque no las tuvieron todas consigo los trianeros, porque el apartado meteorológico sembró dudas hasta el último momento e incluso inundó de agua los alrededores de la salida cuando la mágica comitiva de la ilusión echaba a andar -por ¿antepenúltima vez?- desde el Rectorado de la Universidad de Sevilla. Parece mentira, pero el sol se escapaba entre las nubes en los instantes previos a la salida del cortejo real. Faltaban quince minutos para las cuatro de la tarde cuando comenzó la presentación de los personajes de la Cabalgata desde el balcón de la antigua fábrica de tabacos mienras una nada desdeñable masa de personas aguardaban en la avenida de Roma. Con una gran ovación fue recibido el Gran Visir, especialmente por los animadísimos pajes de su carroza, que lo esperaban para invitar su discurrir por las calles de Sevilla. El rey Melchor, «el rey de los campos de Andalucía», que fue coronado por la flamante rectora de la Universidad de Sevilla, Carmen Vargas. A continuación llego el turno de Gaspar, «el rey de las hipotecas». La corona se la impuso un risueño monseñor Saiz Meneses, el arzobispo de Sevilla. Cerraba el acto «el rey negro, pero que en realidad es Moreno», el rey Baltasar, que fue coronado por el alcalde «de la ciudad más bonita del mundo», José Luis Sanz. Tras el protocolario saludo de todas las autoridades desde el balcón, se daba oficialmente por iniciada la tarde de la ilusión en la capital hispalense. A las cuatro y diez comenzaba a rufar el tambor de Virgen de los Reyes, precedido de una larga hilera de autoridades, despertando la euforia de sevillanos y foráneos. Sonaba ‘Hola, don Pepito’ mientras el público respondía a la banda y el arzobispo se detenía a hablar con personas que esperaban en silla de ruedas a los Reyes Magos. «¡Que toque la sirena!», pedía la gente al conductor de una ambulancia presente en el cortejo con nariz de payaso. Él cumplió sus deseos, por supuesto, llevándose más aplausos que la mitad de las carrozas. Los más pequeños estaban enfervorecidos y con los ojos fuera de las cuencas. Pero la ilusión no entiende de edades, y un grupo de personas de mediana edad daba aún más botes y gritaba aún más fuerte que los críos al paso de la comitiva. Nada hacía prever lo que estaba por llegar solamente unos minutos después. Lo que comenzó como unas tímidas gotas que amenazaban con enturbiar la tarde poco antes de las cinco de la tarde no sólo se mantuvo, sino que se convirtió unos minutos más tarde en un gran chaparrón. La ingent lluvia deslució por completo la salida de la segunda mitad de la Cabalgata y dejó empapados tanto a los integrantes del cortejo como a la multitud congregada en torno al Rectorado, que tuvo que buscar cobijo bajo las naves de la fábrica de tabacos, darles la vuelta a los paraguas con los que estaba recogiendo caramelos o, el peor de los casos, aguantar al raso la manta de agua que se cernía sobre Sevilla sin visos de mejorar. Los niños que iban empapados sobre las carrozas no aguantaron el chaparrón mejor que los mayores, afrontando el inicio de una Ronda Histórica en la que la Cabalgata pasó sus momentos más oscuros de la tarde. Parecía que todo se había roto y los estornudos se alternaban con las caras de consternación de la gente, a la mayoría de la cual las intensas precipitaciones les habían pillado por sorpresa. Sin embargo, la magia de los Reyes Magos consiguió enderezar el 5 de enero y, casi milagrosamente, la tarde se recompuso. La merma inicial de público debido al agua duró poco tiempo, puesto que los alrededores de la Macarena estaban atestados de personas con muchas ganas de fiesta. Y de fiestas de primavera, ya que desde un altavoz llego a sonar ‘Pasan los Campanilleros’ -una marcha casi tan antigua como la Cabalgata – al paso del rey Baltasar por la Ronda de Capuchinos.En poco tiempo, el único remanente de la tromba que había caído que quedaba en las calles de Sevilla eran los grandes charcos que hubo que ir esquivando para no acabar con los zapatos pingueando además de pringados por el azúcar de los caramelos. En uno de los puntos calientes de la Sevilla cofradiera, el Arco de la Macarena, la banda de Columna y Azotes se lanzó por Abelardo y más tarde por las famosas y mandas zambombas, palillos y panderos de Niña Pastori, uno de los temas que más se repitieron por las ocho bandas participantes en la Cabalgata en todos los puntos del recorrido. Los Reyes Magos se santiguaron al pasar ante la basílica mientras la Resolana era un auténtico hervidero de cantes, bailes y confeti. Quien más atención se llevó fue Baltasar, tanto para bien como para mal, ya que la magia de los Reyes Magos no consiguió evitar que partidarios y detractores de Juanma Moreno manifestasen abiertamente sus simpatías o quejas sobre el presidente de la Junta. Sin embargo, se vivieron momentos para el recuerdo al paso de prácticamene todas las carrozas. Por ejemplo, en la mencionada calle Resolana, con un altavoz a toda voz animando al personal que consiguió levantar de sus asientos a los Cantores de Híspalis, invitados de honor de una hermosa carroza que conmemora sus cincuenta años de trayectoria. Si a ellos les pusieron el himno del Betis que compusiera Pascual González, a Baltasar le pusieron el de Andalucía, que fue entonado por buena parte de los presentes. La comitiva de Sus Majestades de Oriente prosiguió por las calles del centro buscando el otro lado del río con sus 33 carrozas nuevas -15 de ellas nuevas continuando la renovación estética del desfile-, todas ellas radiantes tanto de día como con su juego de luces de colores al caer la noche. Entre las novedades, los.homenajes al Rocío de la Macarena, Insolac, Fedeme, Tussam y Lipasam por sus respectivos aniversarios, los renovados tronos deo Gran Visir y los Reyes Magos o una vistosa recreación del Cenador de Carlos V para conmemorar el quinto centenario de la boda del emperador con Isabel de Portugal en el Alcázar. El frío cada vez se iba haciendo más presente, pero la presencia de niños y mayores era inversamente proporcional, sobre todo al llegar a Triana y Los Remedios, sin que hubiera mayores incidencias que algún caramelazo más duro de la cuenta o lo entumecidas que el frío de enero iba dejando las manos de quienes las alzaban para pedir caramelos. El recorrido por Triana, más extenso que nunca, estuvo lleno de emoción tanto en la tradicional calle San Jacinto como en Esperanza de Triana, que estaba de estreno. Cuando el arranque de la comitiva asomaba por la plaza de Cuba, ya había desde hacía dos horas cientos de personas cogiendo sitio en Asunción, erigida en los últimos años como punto clave del itinerario de Sus Majestades en Sevilla. Sin embargo, pese a lo espectacular del paso de la comitiva por allí, a la música y a la entrega de los presentes, el ambiente era muy diferente al vivido anteriormente. La cantidad de niños era mucho menor pese a ser el entorno donde más gente esperaba a la Cabalgata. En su lugar, grupos de jóvenes y no tan jóvenes, cerveza o cubata en mano, saltaban, cantaban y jaleaban todo tipo de cosignas, tuvieran que ver o no con los Reyes Magos. Aunque los negocios aledaños hicieron su agosto, el olor de las calles hablaba por sí solo: Melchor, Gaspar, Baltasar y la ilusión de los más pequeños era ya lo de menos. Un hecho que viene a más en los últimos años y que, dado su éxito, corre peligro de extenderse a otros enclaves por los que discurre el desfile. La Cabalgata continuó con sus 33 carrozas cruzando de nuevo el Guadalquivir para regresar al Rectorado más allá de las diez y media de la noche, no sin antes discurrir por un paseo de las Delicias donde toda la algarabía se tornó más contenida al apagarse los sones de las bandas de música. Se estableció esa zona para que los niños con trastorno del espectro autista pudiesen también disfrutar de la presencia de los Reyes Magos. El verdadero regalo para ellos fue poder estar. Y el de sus padres, acompañarlos y ver sus caras de felicidad cuando todos los focos de las cámaras, los móviles y el griterío se había quedado atrás. Ningún sevillano quiso perderse la magia de la tarde noche de Reyes, que es a prueba del frío y los chaparrones.
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Author : (abc)
Publish date : 2026-01-05 21:38:00
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