España ha cerrado el enero más lluvioso de los últimos 25 años. Así que sí, las sensaciones de buena parte de la población peninsular está en lo cierto. Está lloviendo mucho, demasiado. En concreto, en el mes que acabamos de dejar atrás, ha llovido un 85% más de lo normal. Son cifras de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que cuenta que se trata del séptimo enero más lluvioso de la serie histórica, que arranca en 1961, y el segundo de lo que se lleva de siglo. Hay que retroceder hasta 2001 para encontrar un enero con más precipitaciones. La lluvia no da tregua en España, y según la meteoróloga Mar Gómez, hay una razón muy clara detrás de este temporal continuo que está marcando el inicio de 2026. En apenas unas semanas se han formado hasta seis borrascas de gran impacto, responsables de fuertes rachas de viento, intensas precipitaciones, nevadas en zonas del norte y duros temporales marítimos en las costas atlánticas y cantábricas. Pero lejos de remitir, la situación continuará. Los modelos meteorológicos apuntan a que las lluvias persistirán durante buena parte de febrero, manteniendo un patrón muy inestable sobre la península. La clave está a miles de metros de altura, donde se encuentra «el chorro polar», una potente corriente de viento que actúa como una «autopista» para las borrascas y frentes atlánticos. Esta cinta de aire circula a gran velocidad en altura y, normalmente, se mantiene más al norte, sobre las Islas Británicas o el norte de Europa. Sin embargo, este invierno se ha desplazado hacia el sur, situando su eje directamente sobre la península Ibérica. «Durante al menos los próximos 10 días, su eje principal se va a situar muy cerca e incluso directamente sobre la península Ibérica. Esta configuración convierte a nuestra atmósfera en una auténtica fábrica de borrascas», indica la experta. Al estar el chorro polar reforzado y circular con más velocidad de lo habitual, las perturbaciones se forman e intensifican con facilidad, provocando un encadenamiento casi incesante de frentes lluviosos que dejan precipitaciones generalizadas. Además, el anticiclón de las Azores, que en otras épocas del año actúa como barrera natural frente a los temporales atlánticos, permanece desplazado y sin capacidad de bloquear la entrada de estas borrascas. El resultado es una sucesión de días grises, con lluvias persistentes y poca estabilidad atmosférica en prácticamente todo el país. A este escenario se suma otro fenómeno importante: el vórtice polar. Este sistema de bajas presiones que rodea el Polo Norte mantiene el aire frío confinado en el Ártico cuando es fuerte y compacto. No obstante, cuando se debilita o se deforma -como está ocurriendo ahora-, permite que masas de aire gélido desciendan hacia latitudes medias. Así lo está notando Norteamérica, y si la inestabilidad del vórtice aumenta, podría llegar también a Europa. La experta en esto del tiempo advierte que, de confirmarse esta evolución, febrero podría traer un ambiente más frío y dinámico, con nuevas borrascas y nevadas en cotas medias. Por ahora, no hay señales de un cambio duradero: la lluvia seguirá siendo la protagonista del invierno. No guarden sus paraguas.
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Author : (abc)
Publish date : 2026-02-04 09:53:00
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