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Reflexionar el voto



En las elecciones de Andalucía del 17 de mayo se decidirá, como en cualquier proceso electoral, el partido ganador. Sin embargo, la situación política actual en España hace que este resultado implique algo más relevante: no solo se decidirá quién gobernará, sino si Andalucía experimentará estabilidad o incertidumbre. Según las encuestas, es probable que el actual presidente, Juanma Moreno, sea el vencedor. Sin embargo, lo sucedido en Extremadura, Castilla y León o Aragón demuestra que ganar las elecciones no garantiza necesariamente la capacidad de gobernar. Por eso, en esta ocasión, los votantes deberán analizar, con rigor, no solo las propuestas de los partidos–que, a veces, se cumplen y otras no– sino también las consecuencias que su voto tendrá para los próximos cuatro años, tanto para ellos como para toda Andalucía. Las propuestas populistas, demagógicas o los «gritos histéricos» no contribuyen en nada a fortalecer la positiva trayectoria que ha venido desarrollando Andalucía. Joaquín Mañeru López. Zaragoza El PP tiene razón al afirmar que los presidentes del Gobierno no deberían convertirse, después de dejar el cargo, en consultores o comisionistas. La Ley del Gobierno les otorga a todos los expresidentes el título de ‘presidente del Gobierno’ como forma de reconocer la dignidad de su servicio al bien común de España. De hecho, José Luis Rodríguez Zapatero, en su momento, decidió añadir a esa dignidad la posibilidad de ocupar un puesto vitalicio en una de las instituciones más prestigiosas del país: el Consejo de Estado. Durante un tiempo, Zapatero desempeñó ese cargo en el Consejo de Estado, pero… Ahora, lo que Zapatero pretende es que consideremos normal su dedicación a una consultoría en la que cobra por informes que no están por escrito, sino que los hace verbalmente, de manera ‘in voce’. Para mí, eso es inaceptable. A menos que Zapatero renuncie completamente a su condición de presidente del Gobierno y a la opción de ser nombrado miembro del Consejo de Estado. Si lo hace, entonces, ya podría dedicarse a trabajar con otros personajes como Maduro, Delcy, en China, en Irán, o incluso con José Bono en Tánger. Pero solo si renuncia a su título. José Luis Gardón. Madrid Hace poco más de un año mi padre murió de forma repentina. Tenía 56 años. Un ictus lo cambió todo en cuestión de segundos. Lo que uno imagina cuando pierde a alguien así es el dolor, el vacío o la incredulidad. Pero hay algo de lo que se habla mucho menos: la velocidad con la que el mundo te obliga a seguir funcionando. No hablo de volver al trabajo, que también, pero tras la muerte empiezan inmediatamente los trámites, las llamadas, los papeles, los certificados, los bancos, las gestiones administrativas. A la vez, la vida continúa: el trabajo espera, las responsabilidades no se detienen y el calendario sigue avanzando como si nada hubiera ocurrido. Uno descubre entonces que apenas hay espacio para el duelo. Entre la burocracia y el ritmo cotidiano, llorar se convierte casi en un lujo que hay que posponer, como si el dolor tuviera que pedir cita previa para existir. Probablemente muchas familias han vivido algo parecido. Tal vez deberíamos preguntarnos si la sociedad deja tiempo para afrontar una pérdida o si, por el contrario, exige e impone que hay que recomponerse demasiado rápido. Sergio Venteo Pastor. Villafranca de Córdoba



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Author : (abc)

Publish date : 2026-04-24 10:44:00

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