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Íñigo Pérez: «Ver llorar a nuestra gente te destroza por dentro»



Pasan los minutos, el Crystal Palace celebra, pero en la grada del Rayo no se mueve nadie. Desde el fondo se le canta a los jugadores, que escuchan cabizbajos los intentos de ánimo de los suyos. «No conocí mayor victoria que contigo en una derrota», reza la pancarta, la enésima con la que la hinchada desnuda sus sentimientos en esta final preparada con mimo. Hay lágrimas, pero nadie quiere llorar. Se sabe de la oportunidad perdida. Quizá la única en la vida para los 12.000 rayistas que viajaron. Tal vez la única también para sus jugadores. Cuesta encontrar el ánimo para ir a recoger la medalla de finalista. Los campeones hacen pasillo y aplaude la afición inglesa. Dignifican aún más a un rival que apretó los dientes hasta el final sin suerte. «Hubiese sido increíble», lamenta Isi en el mismo césped. Y rompe a llorar ante las cámaras sin poder articular una palabra más. «Estamos jodidos, porque era la guinda al pastel», cuenta Óscar Valentín, el capitán, algo más entero. Él tendría que haber recogido la copa para ofrecérsela a Trejo y que el argentino, en su último partido como profesional, la levantara al cielo. Ese honor le acaba correspondiendo a Dean Henderson. «Duele una barbaridad», confiesa Trejo, que se quedó sin minutos en la final. «Y duele más por la afición. Se dejaron toda la plata en este viaje. Ojalá tengamos pronto una alegría que darles». «Si alguna vez, me he de casar, con la del Rayo una, una y nada más». Sigue la celebración del Palace, pero los jugadores del Rayo no se marchan tras la ceremonia. Toca volver al fondo a escuchar cómo les cantan ‘La vida pirata, la vida mejor’. El himno oficioso se hace un hueco entre la celebración inglesa. Cerca de las doce de la noche, una hora después del pitido final, habla Íñigo Pérez, a quien se ha visto pasar por delante de la copa con la cabeza agachada, sin querer ni mirarla. Ha pasado apenas un rato para digerir lo ocurrido. «Lo que impregna nuestro organismo es dolor, rabia y tristeza porque se nos haya escapado esta oportunidad». «Me da un pudor enorme hablar de mi situación en un momento tan delicado», dijo el míster cuando se le preguntó si esta era su despedida del Rayo. No estaba para eso el técnico, al que se le quebró la voz en varias ocasiones al referirse a la afición. «El primer impacto ha sido sentir frustración, pero cuando te quedas totalmente sin fuerzas es al ver a nuestra gente, eso te destroza por dentro. Es duro y difícil para nosotros. Si algo he aprendido del rayismo es que la aceptación del sufrimiento y las dificultades forma parte de nuestra esencia. Estoy orgulloso del barrio». Sobre el partido, reconoció que el Crystal Palace había sido capaz de minimizar sus virtudes. «Han sido superiores en la táctica. No nos han dejado exponer nuestras mejores virtudes, y se han encontrado mejor en una final. El que primero marca, además, recibe ese impulso para soportar el empuje del que va por detrás. Estoy orgulloso del tramo en el que hemos ido perdiendo. No nos hemos descompuesto, pero no hemos estado cerca de ganar». «No creo que vea este partido nunca más en mi vida», sentenció por último el pamplonés, con ganas de pasar página del trago más amargo que le ha tocado vivir en su corta carrera como entrenador.



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Author : (abc)

Publish date : 2026-05-27 22:15:00

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