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Un túnel contra los prejuicios



El Eurotúnel quedó inaugurado en 1994. Fue un hito en la integración europea con alto valor simbólico porque muchos políticos y generales británicos se habían opuesto al proyecto durante dos siglos. La Reina Isabel y François Mitterrand atravesaron el canal de la Mancha bajo el mar para viajar desde París a Londres en poco más de dos horas. Desde entonces, cerca de 20 millones de pasajeros al año utilizan el tren en lugar del avión o el transbordador para cruzar al otro lado. La construcción del túnel nunca fue un problema técnico porque los ingenieros lo consideraron viable desde los comienzos del siglo XIX . Pero la clase dirigente británica temía que la obra fuera utilizada para una futura invasión francesa o prusiana. Pensaban que la seguridad del país estaba vinculada a su aislamiento geográfico. La insularidad ya había preservado a Gran Bretaña de conquistas como la que intentó llevar a cabo la Armada Invencible o del empeño napoleónico de acabar con el Imperio. Una caricatura, publicada en 1885 en un periódico estadounidense, muestra a un arrogante gallo que emerge de un túnel bajo el mar y fuerza a huir al general Garnet Wolseley, jefe del Ejército británico, a los lomos de un león. Era un reflejo de la oposición que suscitaba en la opinión pública el proyecto y el temor a un conflicto con Francia. La idea nació en 1802 cuando el ingeniero francés Albert Mathieu- Favier presentó un proyecto para excavar un túnel bajo el canal de la Mancha . Estaría iluminado por lámparas de aceite y el transporte se realizaría en carruajes tirados por caballos. Nadie mostró interés por financiar el sueño de este visionario. En 1856, otro ingeniero llamado Thomé de Gamond realizó los primeros trabajos geológicos para llevar adelante la obra, que contaba con el beneplácito de Napoléon III. Su elevado coste hizo imposible que prosperara. En el otro lado, el canciller Gladstone desechó otro plan similar. Tres intentos más se sucedieron a lo largo del siglo XIX. El más serio se produjo en 1882 cuando se excavaron algunos cientos de metros en ambos lados. Los temores del Ejército británico abortaron de nuevo el túnel. Winston Churchill publicó un artículo en 1924 en el que expresaba su apoyo al proyecto y calificaba de ridículo el miedo a una invasión. La propuesta encontró eco en la productora Gaumont, que impulsó una película, estrenada en 1935, basada en la existencia de un túnel entre los dos países. Gran Bretaña y Francia acordaron poner en marcha el enlace submarino en 1964. El proyecto de ingeniería estaba terminado y había empezado la construcción de dos galerías cuando el 20 de enero de 1975 el Gobierno laborista de Harold Wilson canceló la obra por su elevado coste y por diferencias con la entonces Comunidad Económica Europea. Hubo que esperar a 1981 cuando Thatcher y Mitterrand crearon un grupo de trabajo que desembocó en un concurso, en abril de 1985, para presentar ofertas. Las empresas de los ferris, los puertos y los sindicatos expresaron su rechazo a la iniciativa, que esta vez sí prosperó. Un consorcio de capital privado se adjudicó la construcción y explotación . En 1988, Renfe nos invitó a un grupo de periodistas a presenciar el comienzo de la obra. Una gigantesca tuneladora horadaba la tierra en el lado francés en medio de un bosque. Tras cinco años de trabajo, el túnel de 50 kilómetros , excavado a unos 45 metros bajo el subsuelo, el tercero más largo del mundo, comenzó a ser operativo. El tren tardaba 35 minutos en el recorrido entre Coquelles, cerca de Calais, y Folkestone. Su coste: 16.000 millones de euros . El Brexit triunfó en Gran Bretaña, que se salió de la UE , pero el Eurotúnel sigue uniendo los dos países que libraron guerras y que pugnaron por la hegemonía europea durante siglos. Churchill tenía razón.



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Author : (abc)

Publish date : 2026-06-01 00:12:00

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