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La biodiversidad urbana se queda sin alas



Mientras cada primavera miles de vencejos, aviones comunes y golondrinas regresan desde África para criar en pueblos y ciudades españolas, muchas de sus colonias desaparecen silenciosamente bajo andamios, reformas o actuaciones ilegales. Así lo denuncia la organización SEO/BirdLife que alerta de un problema que, aseguran, se está extendiendo por toda España. Las denuncias más recientes apuntan a dos municipios sevillanos. En Herrera, una colonia consolidada de avión común habría desaparecido tras varias actuaciones en un edificio público durante plena época reproductora. En Montequinto, en Dos Hermanas, el problema afecta a los vencejos: varios huecos utilizados históricamente como acceso a sus nidos fueron sellados, impidiendo el regreso de las aves. «Destruir nidos o impedir el acceso a ellos tiene el mismo resultado: el fracaso reproductor de colonias enteras», advierte Jesús Pinilla, delegado territorial de SEO/BirdLife en Andalucía. La ONG ha trasladado ambos casos a la Junta de Andalucía y reclama investigaciones y sanciones en caso de confirmarse irregularidades. Pero, más allá de estas denuncias concretas, la organización insiste en que el problema no es aislado. Según explican, situaciones similares se repiten desde hace años en distintas comunidades autónomas, muchas veces vinculadas a obras de rehabilitación o mantenimiento de edificios. Uno de los episodios más graves recordados por la organización ocurrió en 2024 en la aldea de El Rocío, en Huelva. Allí fueron eliminados centenares de nidos de avión común y se instalaron elementos disuasorios que impidieron el regreso de las aves a una colonia histórica de gran tamaño. Más recientemente, en Extremadura, se eliminaron aproximadamente 800 nidos en otra actuación denunciada por colectivos conservacionistas. Para los expertos, estos casos reflejan una tendencia preocupante: las ciudades modernas, cada vez más impermeables y homogéneas, están dejando menos espacio para la fauna que tradicionalmente convivía con las personas. La desaparición de estas aves no solo supone una pérdida ecológica, sino también un deterioro del equilibrio ambiental de las ciudades. Los vencejos, por ejemplo, son auténticos depredadores naturales de insectos. Un solo ejemplar puede llegar a consumir miles de mosquitos al día, lo que ayuda a controlar plagas de forma natural y sin necesidad de productos químicos. Golondrinas y aviones cumplen funciones similares y forman parte de un ecosistema urbano mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Durante años, la biodiversidad urbana fue considerada un elemento secundario dentro de las políticas de planificación de las ciudades. Sin embargo, cada vez más investigaciones demuestran que la presencia de naturaleza en entornos urbanos mejora la calidad del aire, regula la temperatura y tiene efectos positivos sobre la salud física y mental de la población. Árboles, parques y aves forman parte de un mismo equilibrio ecológico que contribuye a hacer las ciudades más habitables y sostenibles. En ese contexto, las aves urbanas dejan de ser únicamente un elemento decorativo o anecdótico para convertirse en indicadores de salud ambiental. A pesar de ello, muchas personas siguen percibiendo a estas especies como una molestia. Los nidos en fachadas generan quejas relacionadas con suciedad o ruido, especialmente en comunidades de vecinos y edificios históricos. Desde SEO/BirdLife insisten en que la mayoría de estos problemas tienen soluciones sencillas y económicas que permiten compatibilizar la convivencia humana con la conservación de las aves. Entre las medidas más habituales se encuentran la instalación de bandejas para recoger excrementos, la programación de obras fuera de la época de reproducción o el mantenimiento de pequeños huecos y cavidades utilizados tradicionalmente para nidificar. La organización recuerda además que todas estas especies están protegidas por la legislación nacional e internacional. La Directiva Europea de Aves, la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad y el Convenio de Berna prohíben expresamente la destrucción de nidos activos y obligan a proteger sus lugares de reproducción. Golondrinas, vencejos, aviones comunes y cigüeñas forman parte del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, una categoría que reconoce su valor ecológico y científico. Esto significa que actuar contra sus colonias puede derivar en sanciones administrativas importantes e incluso responsabilidades penales en determinados casos. Sin embargo, las organizaciones ecologistas consideran que la legislación sigue aplicándose de forma insuficiente. Muchas denuncias no llegan a resolverse o se tramitan cuando el daño ya es irreversible. Además, existe una falta generalizada de información tanto entre particulares como entre empresas constructoras y administraciones locales. Por ello, SEO/BirdLife insiste en que la clave pasa no solo por sancionar, sino también por educar y sensibilizar. Precisamente con ese objetivo nació hace seis años la campaña SOS Nidos, una iniciativa impulsada por la organización para denunciar la destrucción de colonias y ofrecer soluciones prácticas que faciliten la convivencia. La campaña responde a las numerosas alertas ciudadanas que reciben cada año relacionadas con obras incompatibles con la presencia de aves. A través de informes, asesoramiento y acciones de divulgación, la ONG busca convertir la protección de los nidos en una responsabilidad compartida entre instituciones y ciudadanía. El debate sobre la biodiversidad urbana también conecta con un cambio más amplio en la forma de entender las ciudades del futuro. Frente a modelos urbanos dominados por el cemento y la impermeabilización del espacio, cada vez más expertos defienden la necesidad de construir entornos capaces de integrar naturaleza y vida humana. La presencia de aves, insectos polinizadores y vegetación no solo mejora la sostenibilidad ambiental, sino que también contribuye a generar espacios más saludables y resilientes frente al cambio climático. Mientras tanto, cada primavera sigue repitiéndose la misma escena. Miles de aves cruzan continentes para regresar a ciudades que durante siglos fueron refugio seguro para criar. Pero muchas encuentran ahora fachadas selladas, huecos desaparecidos y colonias destruidas. La biodiversidad urbana, esa naturaleza cotidiana que sobrevive entre balcones y tejados, se enfrenta a una amenaza silenciosa que avanza al ritmo de las obras y la transformación de las ciudades. Y aunque el problema suele pasar desapercibido para gran parte de la población, organizaciones como SEO/BirdLife advierten de que proteger esos pequeños nidos significa también proteger el equilibrio ambiental y la calidad de vida de las propias ciudades.



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Author : (abc)

Publish date : 2026-05-25 22:37:00

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