Le pedían aprender a empatar, guardar la ropa cuando el chaparrón arrecia, no ambicionar demasiado en los desenlaces a riesgo de caerse a plomo… El Sevilla de Almeyda puede ser un peñazo por momentos, aburrir a las ovejas, pero cada vez tiene más claro cuál es su plan de salvación. Asegura el entrenador que todo sigue igual, que el estilo no cambia, sino más bien evoluciona con matices. Que es lo mismo que decir, sin querer decirlo, que los jugadores, después de una primera vuelta que se les hizo bastante larga, al fin comienzan a absorber sus conceptos y yerran