En las entrañas del estadio de Dallas empieza a sonar una música conocida. No tiene que ver con acordes o tonadillas, sino con el mensaje que transmiten los jugadores de la selección española. Se parece mucho al que se escuchó hace dos años en la Eurocopa conquistada en Alemania. Declaraciones de confianza, mensajes corales, apelación al grupo, a los suplentes que salen del banquillo, a la tranquilidad en momentos de máxima tensión... Y se habla de llegar a la final, de ganar el Mundial. Para que todos estos síntomas aparezcan después del partido de octavos de final ante Portugal y