Las elecciones en Aragón no comenzaron con un programa político sino, como casi todo hoy, con un vídeo. Doña Pilar Alegría, obediente al silbato del partido, ha abandonado su silla madrileña cómoda y ministerial, bien acolchada, para regresar a su sillón rojo en la casa aragonesa. Y ahí sigue, de campaña, figurante de sí misma: el sillón, la cercanía ensayada, todo parece pensado para parecer natural, que es la forma más laboriosa de la falsedad. La gracia (esa virtud tan delicada) no se improvisa; o se tiene o se suplanta, y la suplantación siempre acaba en caricatura. Miro en bucle