Todo parecía ir en contra de la pequeña Unsuk Chin cuando en el Seúl de los años 60 empezó a jugar con el piano que su padre, pastor presbiteriano, había logrado comprar para acompañar las celebraciones en su parroquia. Como la familia no tenía dinero para pagarle lecciones, tuvo que ir aprendiendo ella sola, sobre la marcha, hasta que logró acompañar a su hermana, que cantaba en las misas. Con doce años, un profesor le sugirió que estudiara composición. Mujer compositora y autodidacta en Corea del Sur a finales de los 70, la rechazaron dos veces en los estudios de