Comprar unas zapatillas para un hijo, apuntarle a una actividad extraescolar o reservar unas vacaciones familiares rara vez genera dudas. Sin embargo, cuando el gasto está destinado a ellas mismas, muchas madres se enfrentan a una sensación incómoda y persistente: la culpa . Un masaje, una escapada de fin de semana, una sesión de belleza o simplemente una tarde para desconectar pueden convertirse en motivo de justificación interna. ¿Es realmente necesario? ¿No habría sido mejor invertir ese dinero en los niños? ¿No hay otras prioridades? Son preguntas que muchas mujeres se hacen antes de dedicar recursos a su propio bienestar.