A las cinco y media de la mañana del 21 de abril del año 2000 cambió nuestra historia. Un estruendo recorrió como un escalofrío el alma de la ciudad, quebrando para siempre el sosiego y la calma de su noche más emblemática. Nadie sabía dónde, nadie sabía qué. Nadie conocía a nadie. Todo se cayó como un castillo de naipes en el lapso de tiempo entre la apoteosis vivida con el Cristo de las Tres Caídas en la Campana y la llegada de la Esperanza de Triana. Un nazareno de los Gitanos con la insignia del último tramo del Señor