En los años setenta, en Hawái, los cultivadores clandestinos de marihuana estaban convencidos de haber identificado al culpable de los saqueos nocturnos de sus almacenes: las mangostas. Encontraban semillas de cannabis en los excrementos y en el estómago de esos pequeños mamíferos, y asumían que se colaban en los depósitos para comerlas. Ronald K. Siegel, psicofarmacólogo estadounidense y profesor en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), viajó allí para investigarlo como parte de una larga línea de trabajo sobre intoxicación y conducta animal. Fue un trabajo de campo, con vigilancia y tecnología nocturna, que «también tuvo un lado