Aurora es una gran lectora. Ya jubilada, disfruta de sentarse en la salita de su piso frente a un libro para luego comentarlo con sus compañeros de los clubes de lectura a los que asiste semanalmente. Pero durante tres meses al año, desde hace un lustro, esa tranquila rutina es torpedeada por las luces, el bullicio y el ruido. Su balcón está a solo unos pocos metros de la gran noria, epicentro de la Navidad de Abel Caballero: «Estamos acorralados en nuestra propia ciudad». Es una de tantas realidades de los vecinos de la zona. Cada uno con sus particularidades,