El Mundial de Estados Unidos asiste a un final, pese a que todavía estamos en la segunda jornada de la primera fase. Pero la cita de 2026 es la última vez que se puede ver y a la vez recordar lo que pudo ser y no fue una selección que llegó a ser número uno del mundo en el ranking FIFA. Se llamó la Generación dorada, pero nunca logró dar a Bélgica el título internacional que muchos vaticinaban. El paso del tiempo ha ido marchitando a ese grupo de grandes futbolistas hasta el punto de que este Mundial supone posiblemente la última gran cita para los supervivientes. Y después de tantas y tantas decepciones acumuladas, nadie espera ya que Bélgica pueda aspirar ahora a cotas demasiado altas para el rendimiento que evidenció en el primer partido contra Egipto. En esta Copa del Mundo están Thibaut Courtois (110 veces internacional y este es su cuarto Mundial, Thomas Meunier (81 veces internacional y este es su tercer Mundial), Axel Witsel (138 veces internacional y cuarto Mundial), Kevin de Bruyne (120 veces internacional y cuarto Mundial) y Romelu Lukaku (127 veces internacional y cuarto Mundial). Son la columna vertebral de Bélgica, la voz de la experiencia y el recuerdo de ese grupo de talentosos futbolistas que parecían llamados a marcar una época en el fútbol europeo y cuyo punto culminante fue la tercera plaza del Mundial de 2018 y esa primera plaza en el ranking FIFA que fue tanto un premio como un estigma que quedará para siempre. Porque desde 1992, cuando se introdujo el ranking de la FIFA, Bélgica y Países Bajos son las únicas selecciones sin un título mundial que han ocupado el primer lugar. ¿Pero qué pasó para que esa generación de excelentes futbolistas no lograra nunca un éxito para su país? El origen de la Generación dorada hay que encontrarlo después de un periodo complicado para Bélgica como fue el inicio del nuevo siglo. Entre 2002 y 2014 los Diablos Rojos no participaron en ninguna gran competición. Se perdieron dos mundiales y tres Eurocopas, en lo que supuso la transición generacional para dar entrada en la cita de Brasil’14 a un grupo de jóvenes que se han formado en el nuevo estilo implantado desde la Federación en las escuelas de fútbol de país, un 4-3-3 atrevido y con ganas de jugar al fútbol. Allí la selección de Marc Wilmots llega hasta cuartos, donde cae frente a Argentina, con un once titular con nombres muy reconocibles: Courtois, Alderweireld, Kompany, Van Buyten, Vertonghen, Witsel, Fellaini; Mertens, De Bruyne, Hazard, Lukaku y suplentes como Mignolet, Vermaelen, Moussa Dembélé, Origi y Januzaj, entre otros. En Francia’16 Bélgica vuelve a ser Bélgica. Llega como una de las grandes candidatas a la Eurocopa y se estrella en cuartos de final contra Gales (1-3), lo que lleva a un relevo en el banquillo para preparar el Mundial de Rusia. Roberto Martínez asume el mando de ese grupo de talentos. Allí, sin saberlo todavía, Bélgica logra el punto culminante de la Generación dorada, un tercer puesto después de ganar en cuartos de final a Brasil y llegar a una semifinal 32 años después de México ’86. Pero desde entonces, Bélgica no pasa de cuartos de final en las Eurocopas y cae en la primera fase del Mundial de Catar, encadenando decepción tras decepción y haciendo entender a sus aficionados que jamás lograrían alcanzar las cotas soñadas. ¿Por qué? Desde el país se ha apuntado siempre a la enorme dificultad que han tenido los seleccionadores en la gestión de egos, en sacar lo mejor de cada uno para ponerlos a disposición del grupo, de conseguir que Bélgica funcionara como un equipo. Como se explicaba en goal.com, la selección se encontró durante años jugando juntos a De Bruyne, Hazard, Lukaku, Mertens, Courtois. Kompany, Vertonghen, Vermaelen, Witsel, Fellaini, Carrasco, Meunier… Futbolistas que en sus clubes –Real Madrid, Manchester City, Barcelona, Manchester United o Inter– lograron grandes cosas en el fútbol europeo, pero nunca consiguieron unirse como un grupo cuando jugaban en la selección. Si a esto se le añaden tensiones internas entre los jugadores o estos contra el seleccionador de turno, el resultado es que Bélgica llega a Estados Unidos en pleno fin de ciclo y con un Rudi García al frente que sueña con lograr esa unidad que tanto se ha echado de menos en los Diablos Rojos. El problema es que parece tarde ya, aunque desde el país vuelven a hacer lo que siempre hacen ante cada gran evento, ilusionarse y crear nuevas expectativas que casi nunca se cumplen. Ahora recuerdan que el técnico francés ha introducido una nueva generación que tiene que ser el presente y futuro. Charles De Ketelaere, Diego Moreira, Zeno Debast,Jeremy Doku, Matias Fernández-Pardo o Joaquin Seys ya están presentes en la selección, pero será complicado que su incidencia sea tan evidente como la de aquella Generación perdida.
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Author : (abc)
Publish date : 2026-06-21 14:48:00
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