El Santiago Bernabéu ya no rugió como de costumbre. El termómetro emocional del madridismo marca inquietud y cansancio en uno de los momentos más delicados de la temporada. La indignación de los hinchas es inequívoca y se esforzaron porque se notara. A la llegada del autobús del equipo, la calle Concha Espina presentaba una imagen poco habitual. Lejos de las grandes aglomeraciones que suelen acompañar cada partido, apenas doscientas o trescientas personas se congregaban en los aledaños del estadio. Condicionados por la lluvia y el horario del encuentro. Pocas, pero suficientes para dejar claro el estado de ánimo de la