Los días previos al desahucio, las exclarisas de Belorado, a través de su jefe de prensa, se encargaron de publicitar cómo estaban dedicando «largas jornadas, día y noche, a limpiar y ordenar el monasterio con el objetivo de dejar todas las instalaciones en el mejor estado posible». Los mensajes iban acompañados de numerosas fotografías y algún vídeo que, supuestamente, acreditaban la ingente tarea de limpiar «más de 30 habitaciones y 3.500 metros cuadrados del edificio». Sin embargo, y como suele ser habitual desde que se inició el cisma, la realidad ha vuelto a contradecir el relato ideal que las exreligiosas.