El sector funerario exige una combinación de profesionalidad, serenidad, mente fría y empatía. Quienes trabajan en él conviven a diario con el duelo ajeno y con los procedimientos que rodean la despedida de un ser querido. Todo ellos sin dejarse afectar por el dolor que ven. Sin embargo, cuando la pérdida toca de cerca, incluso los profesionales mejor preparados pueden sufrir un golpe emocional difícil de gestionar. Por ello, existe un debate intenso sobre si los profesionales funerarios deben preparar a sus propios familiares fallecidos. La agente funeraria Laura Aragón reflexiona sobre esta situación a partir de una experiencia personal