«Lo de fuera queda afuera», decía Mauricio Pochettino antes de que el balón echara a rodar en Seattle, en el partido de octavos entre EE.UU. y Bélgica. Lo de afuera, claro, es el escándalo que se ha llevado buena parte de la atención en los tres últimos días de Mundial: la decisión de la FIFA de suspender la sanción a un jugador estadounidense después de las presiones de Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Pero lo de afuera sí afectaba a lo de dentro, a un partido histórico para EE.UU., que se jugaba igualar su mejor resultado