Si la navidad es la efeméride más 'bovarysta', el verano la supera como estación del insatisfecho y el embaucado. El verano exhibe lo que languidece. Aquello que caerá de las ramas al llegar el otoño. Celebra la extinción, inventándose otra. El verano es el contraste y el descalabro de las expectativas. ¿No puede ser acaso esta estación representar lo más icónico del espíritu del genio francés? La creación más perfecta de Gustave Flaubert , Emma Bovary, asocia el estío con la plenitud, la libertad y la novedad. Esa ensoñación es, por supuesto, un eco de las lecturas románticas de la