Lleva Eric Clapton más de medio siglo practicando la partitura de una herida. Ha pasado una vida entera, o varias vidas, afinando su pena, mudando el temblor en elegancia, la nostalgia en un punteo que huele a madera vestusta y whisky tibio. Es un titán de la delicadeza , un monje del desgarro. Viene en primavera a España, después de veinte años , a regalarnos lo suyo, donde entrenan los demonios del blues y los santos del silencio. Clapton nos hace sentir jóvenes, y al mismo tiempo, antiguos. Vendrá Clapton y tocará Layla como si la hubiera escrito ayer, mientras