Cada año, millones de toneladas de fertilizantes son esparcidas sobre campos de arroz, trigo, maíz y soja en todo el planeta con el objetivo de producir más alimentos y hacerlo más rápido. Sin embargo, una gran parte de esos nutrientes jamás llega realmente a las plantas y acaban filtrándose en ríos y acuíferos, contaminando el suelo, liberándose a la atmósfera o perdiéndose antes de ser aprovechados por los cultivos. Mientras la agricultura mundial depende cada vez más de los fertilizantes para alimentar a una población creciente, la ciencia alerta ahora de un problema silencioso y gigantesco: el mundo está desperdiciando