DE un tiempo a esta parte tengo la sensación de que en las cofradías ya no ocurre nada que nos sorprenda. Los derroches de las procesiones extraordinarias, la infinidad de actos y cultos que ahogan el calendario todo el año o la novelería pasajera de las modas que nos imponen –por poner algunos ejemplos– han venido a desnaturalizar esta forma única que teníamos los sevillanos de vivir la fe desde la piedad popular. Se echa de menos la verdad de las cosas y nos sobran imposturas y protocolos que encorsetan la auténtica vivencia. Será por eso que cada vez valoro