La Semana Santa de 2025 no será tan aciaga como la del pasado año pero amenaza con tenernos pendientes del cielo cada jornada. Todo depende de esa delgada línea meteorológica que despierta la incertidumbre y que en cuestión de segundos es capaz de pasar de la desazón al gozo y viceversa. Ocurrió el Viernes de Dolores, con un arranque de plenitud de las Vísperas que disipó los malos augurios del tiempo y volvió a repetirse ayer, Sábado de Pasión, con una tarde esplendorosa que dejó atrás los miedos con los que despertó la mañana. Un mediodía de nubes plomizas que