Cuando el 18 de diciembre de 2022, Messi borró por fin la huella de Maradona y colocó la suya, Argentina sintió alivio. Mucho. Y necesario. Leo, también, claro. 36 años después, la albiceleste, tras encadenar nueve Copas del Mundo de decepción en decepción y con Messi en el foco de cada tropiezo, saldaba una de las mayores deudas deportivas del país . Nadie se explicaba cómo con el mejor jugador de todos los tiempos, con permiso de Cristiano, Argentina no iba a ser capaz de ganar su tercera estrella. Lo hizo justo cuando ya muchos habían dejado de creer y