Aún andaban los abrileños de Sevilla embistiendo cuando salieron por chiqueros los de Alicante. Llegaba Alejandro Talavante con la corona de triunfador de San Isidro y con el recuerdo de una novillada de ensueño en la Maestranza. Y otra vez lidió un conjunto para gozarlo, en esta ocasión en Alicante. En miniatura, eso sí, que andaba con más trapío el ejemplar del trofeo broncíneo que los de carne, hueso y pitones (sic). Más bueno que el pan («el de pulguitas», dijo con sorna un aficionado) el conjunto ganadero del extremeño, que venció por goleada en clase a la terna. Tan