El presidente francés, Emmanuel Macron, consiguió finalmente la imagen que anhelaba. La cena el miércoles en el Palacio de Versalles con su homólogo estadounidense, Donald Trump, ha culminado una reunión del G7 en Évian-les-Bains que ha sorprendido por su previsibilidad. A diferencia de otras cumbres parecidas en que Trump se había negado a firmar el comunicado final o se había ido a la mitad —así sucedió el año pasado en Alberta (Canadá)—, esta vez el norteamericano se ha comportado como un aliado fiel. Como si fuera un político previsible. «Ha sido uno de los G7 más exitosos en los que