Una mala experiencia en su anterior empleo quebró la confianza de Javier. Lo que comenzó como una oportunidad laboral terminó erosionando poco a poco su bienestar. Cada jornada comenzaba con una fuerte sensación de ansiedad. Habla, en parte, de episodios de acoso por parte de algunos de sus compañeros, aunque reconoce también que su trastorno podía intensificar la forma en que vivía ciertas actitudes o comentarios: «Tenía la impresión de que no comprendían bien mi situación». Después de aquello, su vida laboral quedó en suspenso durante cinco años. Y no por falta de voluntad. Con 32 años, esa falta de