Venezuela, un país bendecido por los dioses y azotado por los mortales. Emplazada en una zona de alta actividad sísmica en la que chocan dos grandes placas, la del Caribe y la Sudamericana, posee una continua actividad geológica, algo que ha contribuido a formar sus montañas y a concentrar recursos naturales como petróleo, gas, hierro y oro, pero que ha servido también como una trampa mortal para sus habitantes . Ciudades como Caracas, Mérida, Barquisimeto, Cumaná y San Cristóbal han padecido las más furibundas embestidas de la naturaleza, todas ellas con una lectura política y simbólica. El terremoto del 26