La tarde en Filadelfia amenazaba con el colapso. Un frente de tormentas eléctricas, de esos que en el verano de la Costa Este norteamericana obligan a activar refugios y desalojar graderíos, retrasó la apertura de puertas y encendió las alertas de la FIFA. El protocolo es inflexible: un rayo a menos de ocho millas exige el apagón inmediato. Sin embargo, cuando la pelota echó a rodar bajo las primeras gotas, quedó claro que la verdadera tormenta no venía de las nubes, sino del sector izquierdo del ataque de Francia. Didier Deschamps mantuvo el bloque que ya había dejado grandes sensaciones